Abro mis ojos con un poco de esfuerzo y observo que mi cuerpo reposa en un lecho de cemento por el cual transitan automóviles, noto que una multitud de personas se aglomera a mi alrededor, me detallan con asombro y murmuran entre ellos cosas que no alcanzo a escuchar; finalmente me encuentro con el rostro de mi madre que intenta abrir pasa para levantarme de allí, cuando sus manos me tocan siento que tiemblan y que hace lo posible por no reventar en llanto.Estoy de pie ahora, negándome a ir a un hospital y empiezo a recordar lo sucedido unos cuantos minutos atrás al ver a mi hermano con el disfraz para recibir su primera comunión; entonces vienen a mi mente las últimas imágenes, en las cuales aparezco tomada de la mano de mi madre y con nosotras otros familiares vestidos algo elegante.
Faltaba un poco para llegar a nuestro destino -la Iglesia María Auxiliadora- y quise hacer que fuera pronto, sólo faltaba cruzar una calle, por lo cual me cercioré de que no vinieran autos y la atravesé corriendo como lo hago casi siempre, lo que no me esperaba era encontrarme con la muerte cara a cara, pero ésta no era como comúnmente me la imaginaba: ni huesuda ni negra, era amarilla.
Sin dar espera ésta me hizo volar por el aire unos dos o tres metros y aguarda ahora para llevarme al lugar donde le harán entrega oficial de mi cuerpo; es por esto que me niego a subirme en este objeto que se desliza con sus cuatro ruedas por las calles, fingiendo sentirme bien mientras mi cabeza me duele fuertemente y mi corazón late y late cada vez más rápido.
Después de luchar y luchar contra esa muerte amarilla, me siento agotada y decepcionada porque después de esperar por siete años que volar dejara de ser un sueño, no estuve viva para sentir el viento entre mi cuerpo y volar sin parar por el resto de mi vida….
Natalia a pasar que en este trabajo uno puede mostrar lo que es de verdad, me parece que supiste hacer un muy buen trabajo.
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